jueves, 9 de julio de 2009

Tenía que pasar...

"Desde cuándo no eres capaz de ser tú", me preguntabas una y otra vez, mientras yo sólo te pedía que no siguieras con esta tortura, no otra vez, no en este día, se supone que nos llevaríamos bien, sólo porque hoy era nuestro, pero seguías "Desde cuándo no eres capaz de ser tú, respondeme!", y yo enmudecía, dolido por tu pregunta y por la posible respuesta a punto de salir de mí.

Juré tantas veces que sería siempre igual contigo, que no sufrirías por mi, que jamás te daría la espalda y ahora, bueno desde hace un tiempo, ni yo me reconozco, la canción seguía.
-"Maldita sea, te hablo y no me respondes".

Sé que querías una respuesta y yo quería darte una que no doliera, entonces dije, en voz baja
- "Desde que no puedo mirarte a los ojos y decir 'te amo'", te vi caer a mis pies, te vi llorar y odiarme, sé que no pudiste más, sé que no pude más conmigo, eras todo y hasta ese momento sé que yo lo era para ti, había sido tu compañero, tu amigo, tu pareja, tus brazos, piernas y corazón, lo sabía, pero no podía seguir.

Fue tan doloroso el que continuaras preguntando: - "¿Desde cuándo ya no puedes hacer eso?".
Ambos sabíamos que desde el día en que ya no nos importó dormir cerca, desde el día en que no habían besos de despedida antes de salir al trabajo, desde el día en que te vi y no eras mi amante, eras mi compañera de cama, una que lo desordenaba todo, mientras acaparaba las sábanas. Tu por tu lado creo que no viste nada y por alguna razón seguías mirándome de la misma manera extraña y tierna de siempre. Quería que pararas, porque no podría mirarte así, te envidiaba tanto, envidiaba tanto esa subsistencia en tu mirada y me odiaba tanto al no poder responderte, era como si viera a través de tus ojos como de a poco caía tu corazón a pedazos y no era capaz de hacer nada, sólo explicarte la realidad que hacía caer pedazos más grande con mi cara en ellos.

-"Desde cuándo no te inspiro nada", pedía que no me hicieras más preguntas de ese tipo, creo que te lo decía.
- "no sé pequeña, no lo sé", sólo te respondía eso, aún sabiendo que era una vía evacuación rápida a todo este interrogatorio, seguiste, eras insistente, no sabes como me agradaba a veces eso, lo perseverante, pero ahora me dolía mentirte.

- "lo siento, no sé". sé que eran mentiras.
Fue desde que tu eras algo más de mi realidad, eras lo que usaba las sillas, o lo que veía delante del espejo, no quiero decir que eras parte del entorno, pero de pronto ya no brillaste, podrías haberte detenido ahí...pero seguiste, te volviste hiriente, yo tenia claro que no había sido poco el tiempo juntos y que tus esfuerzos no fueron menores en soportar mis pequeñas manías y mis gustos extraños, mis coqueteos esporádicos que jamás fueron intencionales, los deportes extremos o quien sabe que otro gesto estúpido que te costaba tragar, pero lo hiciste, no te lo pedí, pero lo hiciste, nunca te lo agradecí, y no sabes cuanto lo lamento, de todas maneras ni mis intentos de apaciguarte fueron útil, ni el tratar de salir por esa puerta. Me detenías y seguías preguntando, ¿te diste cuenta como poco a poco ese departamento de ensueño se nos hizo un infierno? en medio de todas las preguntas que seguías haciendo y todas las frases hirientes que traté de soportar, ¿te diste cuenta como fue cambiando de día a noche y yo me iba enfureciendo con el pasar de las horas?

Juro que traté de soportar tu odio, lo justifiqué las primeras horas pero ya a la cuarta no sólo me dolía sino que recordaba lo que yo también había hecho por ti, a la quinta recordé las oportunidades que dejé ir por ti, dentro de la quinta hora y media de todo este caos lleno de lágrimas y trapitos apolillados al sol, no aguanté y tú tampoco, me tiraste un vaso que golpeó mi hombro y la verdad no lo soporté. Jamás te había levantado la mano, tú jamás tirabas cosas, entonces recuerdo como te dí esa cachetada, me sentí horrible, sé que tú también al menos paramos la histeria, te encerraste en el baño y yo partí a buscar mis cosas a la pieza, supe que no había vuelta atrás, supe ahí que era todo lo que había destinado para nosotros dos juntos, mientras yo hacia mi maleta, noté que tu llanto ya no se escuchaba y que el agua corriendo salía por debajo de la puerta, con el tono perfecto de rojo que siempre escogiste en mis corbatas... no existió la vuelta atrás... lo supimos desde que nos dijimos buenos días esa mañana.

martes, 7 de octubre de 2008

¿Qué pasó?

Todo parte así: Ella vomitando en un baño sucio, sin su respectiva puerta en medio de un piso mojado pero que su estado etílico le impidió sentir, de sus "amigas" ni la sombra, si estaban con alguno de esos tipos del bar no era algo que supiera o le importara en lo más mínimo y seguramente seria un dato que si o si le contarían ellas al día siguiente entre el dolor de cabeza, la sed, el orgullo equivocado y la reconstitución de esa noche, digamos que con suerte ella sentía su cuerpo como para pensar en alguien más.

¿Cómo había llegado a ese estado?, exceso de alcohol y algo de droga con un efecto experimental en ella, ¿Por qué? -Sus razones- Era joven, tenia que conocer el mundo, quería salir con su gente, decir con un orgullo mal enfocado que había salido y casi no vuelve por A, B o C motivo, los argumentos multiplicado por las 4 estúpidas mujeres que salieron juntas y que regresaron juntas, apenas, a punto de ser solo 3, pero juntas.

No tenia nada más, era un trapero y eso es ayudarla mucho en la descripción, me ha tocado ver cadáveres más lindos, hasta ahí llegó la moda rockera de la noche, su perfecto maquillaje, y su pelo; desparramados en la humedad, el baño y el piso.

En medio de sus desvaríos, alucinaciones, el mareo constante del ir y venir de las miradas de asco del resto de mujeres que la rodeaban, (porque era un estorbo además de ser un asco y un bulto), llegó un momento a eso de las 2 o 3 am en que estaba sola, tirada y sola; justo lo que pensó que no pasaría esa noche; volvió con un cuarto de su conciencia al mundo real, levantó su cabeza hacia la puerta y nada, quietud, su locura la llevó a preguntarse si estaba viva aún, si lo estaba, otra estupidez más a esa altura pasaba desapercibida. Cinco minutos de sueño sentada en el piso, apoyada en la pared, abrió los ojos con el portazo y la frase "So wake up sleepy one, It's time to save your world" de la canción sonando que se infiltró en el lugar , al parecer ya no estaba sola, era raro, llegó un hombre, pensó que se había equivocado de baño en la desesperación del vomito, pero no, se acordaba de las minas y su mala onda típica, solo posible desde una mujer venenosa , lo recordaba, eso si que lo recordaba, entonces ¿Qué pasaba?.


- Él esa noche había salido de su casa a la mala, de ánimos festivos no había señal, pero era salir o quedarse para pelear con su familia por el tema de rutina, sus estudios en la universidad, su irresponsabilidad y su poco compromiso, todo lo que reclamaban era cierto, eso no significaba que fuera algo que a él le preocupara o quisiera remediar, le gustaba su tiempo libre, el exceso de tiempo libre, no le interesaba la administración, los números o la psicología motivacional que intentaban con él.

Llegó solo y así siguió en las horas que siguieron , no había compañero de cerveza, no había femme fatal que lo motivara , un escaneo loco llevó su mirada a ese grupo de cabras chicas jugando a ser grandes, se pegó en esas cuatro revoltosas, que entre patrañas y conocidos lograron entrar, que eran lindas pero se notaban primerisas en las salidas, por la emoción y la cantidad de alcohol por minuto, vio en una de ellas una belleza increíble, aunque no lo aseguro yo y el menos, mejor recordar que habían al menos tres litros de cerveza dándole vueltas.

Las miró, ellas nunca lo notaron; sus acercamientos siempre eran tontos y rechazados, fue por eso que no se acercó, no les invito nada y la del galán fue algo que no se le ocurrió, las miró, notó cuando la bonita se levanto y entre rebotes entró al baño, vio como una de las otras la siguió, con menos tambaleos, pero que volvió a los minutos donde el resto, a decir algo extremadamente gracioso rieron por otros minutos y luego fueron un grupo de 6, ellas más sus nuevos acompañantes. El se sintió un perdedor, podría el haber invitado a la niña linda a tomar o a comer algo, antes de su escape.

Siguió con sus litros y sus pensamientos un buen rato, vio el grupo y entre medio de las luces bajas se veían disfrutando del momento, o ellos sacaban partido, la diferencia ahí la ponía la diferencia de edad, los grados y los litros de alcohol, el recordó a la niña que a esas alturas le decía la bonita.

Se armó de valor y con un paso parecido al de ella caminó al baño, al de mujeres, arriesgandose a que hubiera(n) otra(s) más, abrió rápido la puerta, si dudaba no lo haría, estaba enfrente de el desastrosa pero no menos linda, con una mirada vidriosa y afiebrada, notó su sorpresa, la quedó mirando, ¿Qué pasaba?.

Se miraron, ella intentó enfocar su vista y saber quien era, se sintió agitada, atraída, angustiada y de paso mareada nuevamente; el quiso acercarse pero se quedó inmóvil, la miraba agitado, atraído y algo mareado.

Ella intento pararse con dificultad, el se acercó de la misma manera; la idea era acercarse por razón, la ayudó y salieron de la asquerosidad, se sentaron en una escalera deshabilitada; ella le contó su desastrosa vida, sus muchas caídas, miles de decepciones, sus problemas familiares y su distorsión anímica, el se sintió identificado y le contó su parte, congeniaron el alcohol los había acercado y las tragedias de la vida los habían unido, todo por al menos una hora, que fue mejor que sus horas con amigos y sus respectivos psicólogos.


Cuando las amigas llegaron a buscarla, su cabeza se movía menos, se dijeron con gusto un nos vemos al unisono, que fue sin intercambio de teléfono, dirección o mail, ambos sabían que a pesar de que sus vidas eran iguales no se volverían a ver, probablemente por que el se escaparía de su casa hacia el sur en busca de mejor vida en unos meses y ella intentaría suicidarse por el problema constante con su padrastro...

En realidad ninguno trascendió en la vida del otro, fueron compañeros de un rato, dos almas perdidas en un mismo lugar y en un mismo momento, pero no serían más que eso, de testigos quedamos la escalera y yo, porque ella no recordó nada al día siguiente ni el joven, ni la música, menos el asco... él ya no recordó la cara de la bonita, solo recordaba que había tomado mucho.

Eso fue lo que pasó.



martes, 23 de septiembre de 2008

Amor de Fotografía

Se dice al 1.- F. “Arte de fijar y reproducir por medio de reacciones químicas, en superficies convenientemente preparadas, las imágenes recogidas en el fondo de una cámara oscura.”

Entonces, era que yo iba caminando por Santiago, pensando en alguna barbaridad o travesura de antaño, no recuerdo bien, cuando este tipo intentaba retratar la mejor cara de este sector contaminado con ruidos, papeles y esa retórica urbana, toda saturada, todas juntas y también todas por separado; yo tenía tiempo y era fácil encontrar refugio a la sombra, además así era más fácil tratar de entender la visión de este hombre, fue cuando me senté.

Era un día con sol, también estaba despejado de las parejas echadas al pasto que caen al mismo tiempo que esas primeras hojas de otoño, solo por falta de un lugar propio; era agradable, pero seguía sin entender por qué este sector, por qué la valentía de sacar esa preciosa cámara reflex digital a sufrir con las condiciones de este entorno poco hospitalario, ahí ví su objetivo, era la ventana (creo o bien arriba) de un edificio a mi espalda, sacó fotos y jugaba con sus botoncitos, me preguntaba ¿sería que era la casa de su alguien especial? O ¿era su sesión de prueba para el juguete nuevo? (juguete nuevo que quería para mí); No lo descubrí, pero su labor era de minutos, probablemente fueron horas, horas que usé en mirar caras desconocidas y sentir calor.

El siguió uno a uno retratando objetos, peatones, autos y nubes (me pregunté si habría retratado esa bien mona con forma de remolino), los cambios de color y las uni-tonalidades. Cuando terminó con ese metro cuadrado avanzó hacia mi, miré al costado con gesto de intentar recordar algo importantísimo, el me miró, lo sé, lo noté de reojo, no hubo fotografía para mi, creo que yo a esas alturas ya era parte de lo inanimado de la situación, el siguió, yo levanté mi cabeza y lo miré, buscando que el cediera agachando la suya, no sucedió y quedé como altanera, pero la verdad no importó; mi asiento semivacío se lleno en una sentada.

No dijo nada, con suerte una sonrisa fingida de permiso, su piel roja me decía que había sido buena idea la de caer en la sombra; yo supongo que hice algún gesto, jamás supe cual; Durante cinco minutos compartimos el banco, el metro cuadrado y la mirada al paisaje citadino que el tenía en su cámara, desde todos los ángulos. Quise en esos cinco minutos sacar conversación y la inicié mil veces, pero en mi mente, imaginé sus respuestas de mil formas distintas, la verdad estábamos en mute.

El me miró una vez más en modo de decir “Chao” (supuse), hice lo mismo con una sonrisa e inclinando la cabeza hacia mi hombro derecho (ese gesto si lo recuerdo), Me dice:-“¿una foto?”
Mi cara de ¿ah?... claro, pensé en como dejé de ser inanimada.
-“pero que salga el edificio”, continuó.
Yo me moví, tomó su cámara, quise correr pero sonreí, tomó la foto y luego un gracias.

Se fue, imagino que sería a su casa a ver los aciertos y los errores de color del día, yo seguí cinco minutos más en ese lugar porque sin tener una cámara, sin hacer un proceso químico fijé y hoy reproduzco el día que conocí a un fotógrafo y supe que quería uno de esos en el cajón de mi escritorio (al lado de mis fotos, las fotos de mis amigos y los recortes de revistas antiguas) para que me supiera mostrar las formas difusas y virtuosas que yo podía darle al mundo.

Esto lo cuento porque hoy navegando en Internet encontré mi foto, supe que era el sitio de él, era la única foto del lugar, ¿habría estado tanto rato juntando valor para acercarse a mi? ¿Sería la única foto buena de la tarde? Y abajo solo decía “gracias por esos cinco minutos de charla silenciosa”.